Nos obsesiona no tener el cuerpo que deseamos tener, y en vez de aceptarlo intentamos "eliminarlo" de cualquier manera. ¿ Por qué hacemos esto? La sencilla razón es porque tenemos miedo. Miedo a ser señalados por la calle. Miedo a ser insultados por no tener el aspecto que tenemos. Miedo a ser un blanco fácil donde poder atacar. Pero luego sabes que de nada servirá intentar a ser como los demás, porque hagamos lo que hagamos siempre seremos juzgados.
Todo esto hace que nos convirtamos en nuestro peor enemigo. No hace falta que la gente nos diga nada, ya conseguimos destrozarnos nosotros solos. Ahora en vez de vernos en el espejo tal y como somos, vemos a ese "monstruo" en que nos hemos convertido. ¡Pobre de nosotros! Deberíamos empezar a concienciarnos de que lo bonito de las personas está en el interior, no en el exterior. Como decía hace unos años una chirigota de Cádiz en una de sus canciones: "Y háblale, cuéntale que el espejito suele ser traidor, y es mentiroso porque el interior no se ve..." En este caso la canción iba dirigida hacía los padres, para que estos enseñaran a sus hijas que lo importante en esta vida es ser buena persona y lo que importa es el interior, ya que el espejo solo nos enseña lo "bonito" que es el exterior y este se equivoca. Pero hoy en día, por desgracia estamos muy atados a la impresión que tienen los demás de nosotros, y de querer ser otra persona que no somos. Ya no buscamos el bienestar propio, más bien buscamos ser aceptados por la sociedad, ya sea teniendo el mismo gusto, vistiendo igual, movernos por los mismos sitios. Es decir, llegando a convertirnos en la sombra del otro. Por lo que deberíamos ayudarnos a aceptarnos tal y como somos, ya que todas las personas somos bellas tanto por fuera como por dentro.



